Mi nombre es Felipe Lopez, estaba casado y tenía una familia normal: una esposa y 2 bellas hijas: Samanta y María.

Después de estar varios meses sin empleo, la situación económica de mi hogar estaba en las ruinas.

Fue entonces que encontré un trabajo que quedaba a 2 kilómetros.

En ese tiempo, el dinero era tan escaso que tenía que elegir entre darle de comer a mis hijas o pagar el bus para ir a trabajar, así que cometí uno de los peores errores de mi vida: compré una bicicleta.

Al principio no me di cuenta de la anoestimulación que me producia el duro e incómodo asiento, pero en el fondo lo disfrutaba. En el trabajo comencé a frecuentar con otros varones que también llegaban en bicicleta a la oficina, nos juntábamos los fines de semana para ir a lugares abiertos, con mucha naturaleza y sin personas. Fue tanto el roce que ocurrió lo inevitable: cometí pecado de homodesviación.

Los ciclistas acostumbran visitar en grupo lugares alejados, donde dan rienda suelta a sus perversiones y fue ahí que yo estaba metido.

Los encuentros eran cada vez más frecuentes, me sentía culpable pero al mismo tiempo sentía un gran placer antinatural proveniente del infierno.

Los encuentros íntimos con mi esposa comenzaron a verse reducidos hasta que comencé a utilizar su ropa en secreto y a maquillarme como una cualquiera.

Mantuve ese doble estilo de vida durante 1 año, hasta que un día mi esposa me sorprendió en calzones… sus calzones. Me da mucha vergüenza relatar lo que ocurrió. Pero fue cuando toqué fondo.

Busqué ayuda espiritual y fue que me hablaron de la Iglesia del Final de los Tiempos y del Profeta Andrés de la Barra, el único varón con el don de la homosanación. Mi vida fue restaurada, al igual que mis esfínteres. Me arrepentí de corazón y dejé atrás mi vida de abominación y pecado.

Actualmente me encuentro en conversaciones con el Padre de mi esposa para retomar nuestro matrimonio y así no pecar de Divorcio.”