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Fui liberado de la marca de caín en la IFT

La unica iglesia verdadera

“Mi nombre es Yeisson y decidí contar mi historia porque se que hay muchas personas viviendo situaciones parecidas. Yo nací con la herencia del pecado cainista, por lo que soy oscuro. He cargado toda mi vida con esta maldición, culpando a Dios por haberme marcado de esta manera tan injusta y cruel.

En esta desobediencia obstinada, incursioné en posiciones teóricas provenientes de sectores políticos relacionados con el satanismo, donde defienden una supuesta igualdad que deja por fuera las diferencias obvias y particulares de cada persona.

Desde luego, siempre supe que me estaba mintiendo. Había algo que no podía sacarme de mi mente y era que estaba fallándole al Señor, al no ser agradable ante su presencia.

La blanqueza representa pureza, como las ropas del Mesías.

Fue entonces que comencé a buscar algún mecanismo que me permitiera atenuar mi maldición, experimentando con cremas, jugo de limón, bicarbonato, cloro, y muchos otros tratamientos que circulan por internet, sin conseguir los resultados esperados

Cuando ya pensaba que estaba todo perdido y creía que mi alma se condenaría a arder eternamente (en el caso de que la tuviera, lo que aún no se ha comprobado científicamente), escuché hablar de la Iglesia del Final de los Tiempos. Busqué un poco de información en internet y me contacté con la sede de Santo Domingo para asistir a un culto.

No se muy bien cómo expresar con palabras la manera en que mi vida se transformó desde que pisé por primera vez el templo de la IFT. Sentí cómo los demonios se inquietaban dentro de mi cuerpo, al sentirse en un sitio tan santo como la casa de Dios. Fui liberado de muchos demonios, como mi masturboadicción, o mi astigmatismo.

Fue en el año 2016 que la Iglesia lanzó a la venta los jabones de Jehová, capaces de purificar el cuerpo y eliminar la marca de caín. Desde el primer uso, sentí cómo mi piel ardía al ser purificada del mal del diablo, tornándose cada vez más llena de luz.

En la actualidad, soy una persona normal, ya no sufro de cainismo. Mi vida entera se la entregué a Dios y a Su Santidad, porque gracias a su poder puedo mirar al mundo con la frente en alto, sin sentirme avergonzado por mi naturaleza casi humana.”